«La virgen de la amargura no tiene cura» fue una performance que presentamos María Jiménez, Lucía Méndez, Sergio Sánchez y yo en el Encontro da Associaçao de Professores de Expressão e Comunicação Visual en Viseu, Portugal (2022).

En Jaén (y me imagino que en muchas zonas donde se cultiva la aceituna) hay una tradición que consiste en machacar la aceituna para poner en agua y quitarle el amargor. Pasadas un tiempo en remojo se aliñan y así se pueden comer sin hacer guiños. Yo me acuerdo de mi abuelo que cuando llegaba la época de la aceituna de cornicabra preparaba en el patio interior una cuba con agua, una tabla de madera y un botellín de cerveza y pasaba la tarde machacando las aceitunas. Recuerdo perfectamente el sonido el martilleo contra la tabla y el arrastre para lanzarlas a la cuba de agua.

La historia es que lo que para muchos en Jaén es un patrimonio y un orgullo identitario y patrio, para otras personas, sobre todo para les jornaleres y personas de clase trabajadora configura un muro para sus esperanzas de progreso y para ver mejoradas sus condiciones materiales (esto se debe principalmente al latifundismo y las pésimas condiciones laborales). Por esto mismo el olivar para un joven jiennense de clase trabajadora no es más que un territorio que machaca sus expectativas de una vida mejor.

Así que cómo jovenes amargadas quisimos quitarle el amargor a la aceituna para siempre. fuck you olivar, por nosotras que se pudran todos los olivos de Jaén.